[CADA VEZ MÁS JÓVENES SE PROSTITUYEN A TRAVÉS DE INTERNET PARA PAGARSE LOS ESTUDIOS. ALGUNAS PROCEDEN DE FAMILIAS MODESTAS AFECTADAS POR LA CRISIS ECONÓMICA. PERO TAMBIÉN HAY QUIENES VIENEN DE NÚCLEOS ADINERADOS Y QUIEREN GANAR UN DINERO EXTRA PARA SUS CAPRICHOS. LA ALARMA HA SALTADO EN FRANCIA PERO EN ESPAÑA TAMBIÉN EXISTEN JÓVENES CON DOBLE VIDA. ES EL CASO DE CRISTINA, MARÍA Y ÁNGELA, TRES ESTUDIANTES QUE HACEN LA CALLE A TRAVÉS DE LA WEB.]
REPORTAJES ZONA CERO [Julián Cantero]
Cristina sale de casa camino a la facultad. Hoy tiene dos clases que no le gustan mucho pero debe ir para presentar un trabajo. Por los pasillos va cruzándose con sus compañeros. Le espera su amiga Raquel para entrar juntas. Cristina tiene 19 años y estudia Farmacia.

Va pasando el tiempo y pronto tiene que abandonar las clases para volver a casa. Allí se sienta en frente de su ordenador y espera la llegada de mensajes mientras suena su teléfono. Al otro lado está su cliente: “hola, he visto tu perfil en Internet y me gustaría quedar contigo”. A Cristina le viene bien por las noches, las mañanas son para la universidad. “Vale, yo cobro 200 euros”, contesta.
Así día tras día. “Yo al principio trabajaba en un bar de copas… pero ganaba poco y casi no tenía tiempo para estudiar ni para divertirme. Ahora por un par de horas a la semana me saco 400 o 600 euros, y tengo mejores notas que nunca”. Seguramente ya habrán adivinado que el trabajo por el que Cristina gana esas cantidades es la prostitución.
Pero el caso de esta joven no es una excepción. Según los últimos datos, la prostitución entre jóvenes universitarias crece por momentos. Ese aumento se ha hecho sobre todo notable en países como Francia e Inglaterra.

Cristina utiliza la Web para anunciarse. Por lo general, sus clientes no sólo persiguen su cuerpo modélico, también su “conversación, ingenio, clase, compañía…”. El cliente ideal es un hombre de posición deahogada, casado o que lleva una vida solitaria a causa del trabajo y que busca un encuentro un poco más cálido que el mero contacto sexual. "Yo sé que no hay diferencia entre una scort y una puta. Yo sólo acompaño a hombres por la noche para una velada o una cena si estoy segura de que me lo pasaré bien. De todos modos todas las citas acabarán en sexo y casi nunca te apetece, aunque hay clientes más jóvenes y más guapos de lo que la gente piensa".
En la misma página Web de su agencia aparecen 20 scorts- término para referirse a las prostitutas de lujo-. De ellas, siete se identifican como universitarias. “Cuando contratan a una estudiante no sólo lo hacen por la edad, sino también por nuestra educación. Hay clientes que te cuentan su vida, sus problemas y no te queda más remedio que consolarles, pero yo en lo único que pienso es en acabar pronto para ponerme a estudiar”.
En España no sabemos cuantas universitarias se dedican a esto. Pero en Francia en el último año han cuantificado unas 40.000 jóvenes. Todo a raíz de dos estudios publicados por dos universidades. Algunos sectores de la sociedad francesa se muestran preocupados por las consecuencias psicológicas que esta práctica pueda tener para los estudiantes.

Actualmente existen unos 15 millones de potenciales clientes para 400.000 prostitutas en nuestro país, una por cada 38 hombres. Hoy no hay estudios que acrediten un aumento en el número de universitarias españoles que recurren a la prostitución, pero quienes gestionan las casas de citas coinciden en afirmar que “el número de jóvenes se ha triplicado en los últimos años, cada vez hay más demanda”.
Desde la Fundación Triángulo subrayan que cada vez es mayor el número de clientes que piden “jóvenes con formación, que sepan idiomas para poder mantener una conversación sobre temas de actualidad, se buscan chicas de compañía que puedan estar a la altura de una reunión de negocios”.
Luis Pinar es responsable de varias empresas de contactos y ha hablado para Zona Cero: “el perfil ideal es el de la chica universitaria y no nos faltan candidatas en nuestras bases de datos, lo que pasa es que hay muchos miedos por parte de las jóvenes, siempre están pensando en qué pasaría si se enterasen sus padres”.

María hoy no va a clase. No suele faltar pero ha quedado con un cliente que le paga muy bien por una hora y media en un céntrico hotel de Madrid. “Me cuesta mucho renunciar a las clases pero a veces no queda más remedio, este es un buen cliente, tiene 45 años y la verdad que paga muy bien, me puedo sacar unos 1.000 euros por un rato”. María tiene 22 años, estudia Publicidad y lleva seis meses en este mundo. “No lo hago por placer, está claro. Es un dinero que viene bien para pagar los estudios y para no depender de mi familia”. Si algo le preocupa es que se enteren sus padres, “sería un disgusto para ellos, jamás lo comprenderían, además tengo que andarme con cuidado con el dinero para no levantar sospechas en mi familia”.
Desde la asociación para la prevención de la prostitución (AGRAMP), aseguran que “los jóvenes no recurren a este oficio por necesidad sino por comodidad, se gana mucho dinero en poco tiempo. A menudo nos encontramos con chicas o chicos de clase acomodada que buscan este dinero para pagar sus caprichos y mantener un nivel de vida por encima de sus posibilidades”.
Hace frío y llueve. No es una de esas tardes que más apetece salir de casa. Pero Ángela ha quedado con un cliente a las 8 en el centro de Barcelona. Ya ha terminado de estudiar para el examen que tiene en unos días. Cuando se matriculó en Empresariales no estaba muy convencida de que pudiera acabar la carrera. “Mis padres tenían dificultades económicas y si no fuera por las becas habría sido imposible”. Pero las becas se acabaron un día y ahora saca dinero más que suficiente con su nuevo trabajo, “no tiene nada que ver con lo que hacía antes, trabajaba en tiendas de moda casi todo el día y ganaba poco dinero, llegaba rendida a casa, ahora en una semana me puedo sacar 1.200 euros sin problemas porque tengo clientes muy fieles”. Quiere terminar sus estudios cuanto antes para irse a vivir fuera de España con todo lo que tiene ahorrado. “Lo peor es que mi novio no sabe nada, nos llevamos 10 años y es muy maduro, sé que me comprendería pero me da miedo contárselo”. Ángela tiene 23 años.

Su vida pasa de la facultad a casa y de su casa a la de sus clientes o a los hoteles de la ciudad condal. “Una vez recuerdo a un cliente que me quiso pagar 6.000 euros por acompañarle a una cena de empresa, estaba empezando y no acepté la invitación”. Ahora se arrepiente de dejar pasar oportunidades como ésta. “Siempre digo que cuando acabe la carrera lo dejaré y que me iré a vivir fuera, pero al final esto te engancha y no te deja escapar”.
Ángela también tiene un anuncio en una página web. Paga 400 euros al mes por mantenerlo y actualizarlo: "Ángela, escort y estudiante de 18 años...". Pero en realidad ya no tiene esa edad. Sigue presentándose así para atraer clientes que a veces le piden el carné universitario. Cuando empezó en esto sólo ofrecía masajes eróticos con "culminación manual", pero ganaba mucho menos dinero, entre 70 y 150 euros. Ahora se prostituye hasta el final y saca mucho más "aunque hay veces que tienes que echarle ganas y coraje". La propia vida la ha empujado a hacer cosas de las que se arrepiente: " hay clientes que te piden fantasías que rozan el mal gusto, he hecho muchas barbaridades pero jamás aceptaría la zoofilia", aunque proposiciones no le fatlan.

En este momento interrumpe la conversación con Zona Cero, alguien la llama por teléfono. Desconecta el Messenger a penas sin despedirse, apaga el ordenador. No puede perder tiempo. Debe ducharse y vestirse rápido. Ha quedado con un gran cliente "extranjero" que la lleva de compras y a pasear por La Rambla. Después tomarán unas copas en algún bar y, aunque ella no es aficionada al alcohol ni a ningún tipo de drogas, él "siempre acaba por los suelos y me toca meterlo en el taxi y llevarlo al hotel". Allí pasará la noche compartiendo cama, "aunque casi nunca duermo, estoy pensando en otras cosas". Espera a que amanezca, contando las horas que faltan para volver a la universidad.
Un reportaje de Julián Cantero / Imágenes y fuentes propias. ZONA CERO HA MANTENIDO EN TODO MOMENTO EL ANONIMATO DE LAS PROTAGONISTAS, DIFUMINANDO SU IMAGEN Y UTILIZANDO SEUDÓNIMOS.