
Estimado Federico:
He de reconocer que tengo muy pocas ocasiones de escucharlo por las mañanas, al contrario que la mayoría de sus amigos y más aún sus enemigos, que parecen necesitarlo para tener un muñeco al que culpar de otras frustraciones vitales. A pesar de esto, he comprobado que, para insultar mis ideas y mis argumentos (sin tratar de rebatirlos, por supuesto), se usan contra mí los mismos adjetivos e insultos que contra usted. En algún momento he tenido la tentación de pensar que lo hacían por una hipotética coincidencia a la hora de emitir ideas, pero no, la uniformidad de golpeo viene de un principio de estilo dictatorial que golpea a todo lo que se mueve y que, a falta de creatividad, usa consignas.
A pesar de que todo esto me disguste, (no tanto el insulto, confieso que yo que soy muy díscolo hecho de menos la imaginación más que otra cosa) de los que se declaran nuestros enemigos (con todas las letras y digo SE DECLARAN) son esperables estas andanadas, pero me entristecen los golpes de fuego supuestamente amigo, son los que más daño hacen, aquellos que le comparan a usted prácticamente con una brillante vedette que se dedica a arengar en vez de hacer periodismo, o los más osados que, siguiendo el canturreo sirénido del sonido global le lanzan a la extrema-derecha como si fuera una Eva Braun que descorcha el champán mientras las bombas hunden poco a poco un búnquer de ideas que, según el léxico impuesto tras los terribles idus de marzo de 2004, son añejas y aún estériles.
En fin, no me declaro admirador suyo por sus ideas ni por su verbo, por encima de todo esto lo que admiro es su valor y su forma de soportar tantas críticas a menudo infundadas. Y cuando digo valor, no tengo necesidad de verle a usted en una batalla, pero sí diciendo la verdad, a unos y a otros. Una verdad que, a fuerza de permanecer oculta entre la mentira y el insulto, cuando se eleva por encima de estas dificultades lo hace con el brillo de la más hermosa vedette, el problema es que a muchos les duelen ya los ojos... Por mi parte sólo decirle que “el espectáculo debe continuar”.
Un saludo afectuoso.
Jorge Illescas.
4 comentarios:
Como bien dices: "que el espectáculo continúe", pues Federico Jiménez Losantos ha contrubuido a hacer de la política espectáculo de ideas. No podemos hablar de periodismo, pues su programa no se ajusta a ninguna de las directrices de la Teoría de los Géneros. Es más bien un show matinal. Si bien este show cuenta verdades, enfocadas hacia un público determinado y con escasez de voces, pero las cuenta. Aunque no creo que sea sano para la Sociedad de la Información programas mitineros de este tipo, ya que confunden a la gente, pues uno queda alienado e hipnotizado por una misma vía: la de la opinión.
Julián Cantero
Evidentemente me he permitido dejar un punto de ambigüedad en cuanto al "vedettismo" de Federico, precisamente porque lo que me importa es vuestra opinión.
Respecto a que el espectáculo sea de hipnosis eso no es lo importante, lo importante es que, independientemente de la forma de discrepar que tengas se da por hecho que estás influido por la COPE, lo cual no es culpa de Federico sino de los que quieren crearse un enemigo arrebujado en torno a un "malvado locutor mañanero" para justificar golpes a diestro y siniestro en nombre de un nueva cultura única que ya domina la televisión.(Tal como comento en el primer párrafo).
Gracias por el comentario.
Jorge Illescas.
A Federico le falta prudencia y respeto
Cris
A los que le suele faltar prudencia y respeto es a los que se meten con él, más que nada porque más de la mitad de las veces hablan de oídas.
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